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Detrás de las estadísticas sobre migración existen infancias que buscan seguridad y un espacio donde crecer libres de temor. Sin embargo, la movilidad humana expone a miles de niños, niñas y adolescentes a condiciones extremas durante sus trayectos: la dolorosa separación de sus familias, la amenaza de redes de trata, la explotación y diversas formas de violencia que vulneran su dignidad a cada paso.

Un llamado que trasciende los números

En el marco de la 112.ª Jornada Mundial del Migrante y del Refugiado 2026, este escenario cobra especial relevancia bajo el lema: «Incluso uno solo de estos pequeños». En su pronunciamiento, el Papa León XIV remarcó que la atención a la población migrante no debe reducirse a una lectura numérica:

“Reconocer al individuo no implica ignorar las estadísticas necesarias para comprender la magnitud del fenómeno, sino evitar que los datos nos hagan perder de vista a quienes tenemos al lado. Por eso, mirar ‘incluso a uno solo’ es la perspectiva adecuada”, enfatizó el Pontífice, recordando que en cada menor reside la huella divina.

En sintonía con estas orientaciones, organizaciones sociales y pastorales como MigraSegura y la red Cáritas insisten en que la migración infantil no debe abordarse únicamente como una crisis de cifras, sino como una urgencia prioritaria de derechos humanos. Las instituciones remarcan que administrar o custodiar límites territoriales resulta insuficiente si no se coloca el bienestar integral y los derechos fundamentales de cada niño en el centro de todas las actuaciones.

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